
Noche de expectación, noche de decepción. El viejo comentarista Larry Merchant de HBO decía segundos antes de comenzar la pelea entre dos de los campeones del peso superligero Timothy Bradley y Devon Alexander que era el mejor combate posible del boxeo actual, salvo el esperado Pacquiao vs. Mayweather. Servidor también lo creía. El resultado: un bluff, un fiasco, uno de los combates más aburridos de los últimos tiempos. Deslucido, desordenado, no cabe atribuir estos rasgos negativos del combate a que uno fuera zurdo (Alexander) y el oponente diestro (Bradley). Cientos de veces hemos visto peleas atractivas en ese choque de estilos. Pero la pelea fue desordenada con un Bradley mucho más agresivo y atacante ante un Alexander que amén de timorato y excesivamente reservón, comenzó a recibir embestidas con la cabeza de su compatriota ya en el tercer asalto. A mitad de pelea, esta mejoró, con un par de asaltos en los que Alexander recordó por momentos al hombre que con 23 años ha vencido y convencido ante rivales como Witter o Urango.
Pero fue un espejismo. Más de lo mismo, ante el silencio casi sepulcral de los más de 6.200 espectadores que acudieron al Silverdome de Pontiac, Michigan. El "remate" a tamaño desatino de lucha llegó en el décimo round, con otro cabezazo de Bradley al ojo "bueno" de Alexander. Este comenzó a realizar gestos de no poder superar un fuerte escozor y el médico terminó por parar la pelea. Por cierto, el árbitro Frank Garza ni amonestó ni restó ningún punto a Bradley por sus embestidas. Se llegó a la decisión técnica, y las cartulinas evidenciaron que en el país de los ciegos, el "tuerto" Timothy Bradley había puesto más empeño ( 97-93, 96-95 y 98-93). No tenemos la más mínima duda que en el futuro que estos dos jóvenes peleadores volverán a lucirse en el futuro en un cuadrilátero, pero el pasado sábado dejaron helados a los millones de aficionados que esperábamos algo épico o inolvidable. Fue sencillamente horrible.
EXTRAIDO DE ESPABOX
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